La enfermedad de las hipotecas contagia a las aseguradoras monolines y empeoran el clima financiero

Las hipotecas basura han dejado una estela muy importante en el mercado financiero. La crisis que comenzó en Estados Unidos logró cruzar el charco, desestabilizar las bolsas europeas en un lunes negro que nunca será olvidado y sembrar la mayor incertidumbre bursátil de los últimos años.

En medio de esta cadena de hechos críticos, hay un elemento que aún no ha sido tomado en cuenta y que los analistas ya mencionan con preocupación: las aseguradoras monolines. Ya están en el ojo del huracán financiero, en un nivel más bajo que las hipotecas, pero ya figuran.

Las aseguradoras monolines nacieron en Estados Unidos y en el Reino Unido, con el objetivo de ser un instrumento para abaratar los costes en la emisión de bonos para financiar alguna inversión. El negocio está en que las aseguradoras monolines cobran una prima cuya contrapartida es la máxima calidad crediticia porque tienen una calificación Triple A.

Las ventajas: El emisor obtiene un nivel de solvencia con el pagará una menor rentabilidad, al tiempo que están comprando un activo de máxima garantía. Los compradores sienten una confianza en una “extraordinaria solvencia” por tratarse de activos avalados por una Triple A.

El temor: su actual situación patrimonial no bastará para hacer frente a una crisis de impagados, tal y como sucedió con la crisis de las hipotecas basura, cuando muchos hipotecados se declararon impagados.

Los ojos de Wall Street están no sólo encima de las hipotecas, sino también de las aseguradoras monolines, ya que existe la posibilidad de que estas compañías hayan contaminado al sistema financiero, cuyas operaciones han crecido a gran escala entre las administraciones locales estadounidenses.

El detonante radica en que estas empresas han asegurado operaciones por miles de millones de dólares, pese a que estas aseguradoras no cuentan con el capital suficiente para solventar una crisis de impagos, de dimensiones parecidas –y ni siquiera menores—a la de las hipotecas basura.

Estudios de los analistas alertan que una caída de apenas 1% en el precio de los bonos asegurados, generaría pérdidas de 10.000 millones de dólares en el valor de la cartera de quienes poseen esos activos, en especial, los bancos estadounidenses.

Los inversores ya están pensando en lo peor. Piensan en la posibilidad de que la enfermedad de las hipotecas basura haya invadido al resto de los órganos del cuerpo económico mundial, lo cual no sólo extendería el síndrome a las aseguradoras monolines, sino también a otras compañías cuyas operaciones se hayan levantado en una base financiera débil, como sucedió con los bancos que se dedicaban a dar hipotecas de alto riesgo.

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